Otoño del año 1998, el mundo veía feliz el principio de una era de prosperidad que nos traería riqueza y prosperidad a todos. Gracias a Dios que los liberales de turno expulsaron del poder a los rojos corruptos. Los nuevos padres de la patria, Aznar, Villalonga y demás compañeros de colegio, ya en el poder político y mercantil, podían trazar a gusto el rumbo de la nueva España. Aliada del Imperio y locomotora económica de Europa.
Los que durante la bonanza hemos alcanzado la edad de valernos por nosotros mismos y trabajar para vivir, abrazamos con entusiasmo la nueva doctrina. Esa doctrina que aleja el fantasma del paro y nos proporciona los medios para alcanzar nuestro objetivo en la vida. Comprar más cosas. Del tácito pacto entre clases todos salimos beneficiados, nosotros obtuvimos una PlayStationIII, un Seat Ibiza y una hipoteca, y ellos miles de millones de euros.
Pasaron diez años y la coyuntura dejo de sonreír. Subió el precio de no se que y bajaron no se cuantos indicadores. Ha llegado la hora de cumplir con lo pactado y como reza la Biblia neoliberal "Aunque los beneficios sean privados las perdidas serán públicas". Sufriremos paro, nos congelaran el sueldo, nos aumentaran la jornada. En resumen, nos darán por el culo, hasta que la coyuntura y los indicadores les digan a nuestros Patrones que ha llegado la hora de terminar con la sodomía y volver a enriquecerse. Para entonces adoraremos a nuestros nuevos ídolos y alcanzaremos nuestra más preciada meta, una PlayIV o un perfume de Chanel.
Que idiotas fuimos, y lo que es peor, que idiotas seremos. Marionetas de unos hijos de puta, compramos lo que nos dicen que compremos, celebramos lo que quiren que celebremos y odiamos a quien interesa que odiemos. Escribo esto desde el trabajo, aburrido, mirando con asco mis nominas. Sueño con noticias de revoluciones, bancos ardiendo y rojos estandartes ondeando en la Zarzuela. Pero el periódico sola habla de financiación autonómica. Puto país de mierda